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Felicidades bebé


Otro año. La primera noche que suenan las doce y no te tengo entre mis brazos. Dentro de un ratito será tu cumpleaños, el 17 que hubiéramos pasado juntos. Celebraré sin duda cada uno de esos días que hemos pasado juntos y cada una de las noches que beso tu alma. Espérame. Vé buscando una nube acogedora para convertirla en nuestro pequeño asteroide B612 y veremos tantas puestas de sol al día como veces movamos nuestra mecedora. Tú estarás tumbadito pancitarriba entre mis piernas, como tanto te gustaba. Yo estaré leyendo algún libro de esos que tengo acumulados. No me lo imagino de otra forma, hasta plantaremos nuestra propia rosa, amarilla eso sí, a la que dedicaremos el tiempo que necesite para convertirla en especial. Tendremos un cielo estrellado a un lado de nuestro pequeño planeta y un sol brillante en el opuesto, y disfrutaremos de cada rayo de sol tumbados el uno junto al otro. Y volveré a mirarte y a acariciar tu suave pelito, el pelito que volverás a mancharte con la paleta de mis óleos. Y el viento ondeará nuestro pelo y pondrás esa carita de feliz como cuando una hondonada de aire venía frente a nosotros y nos hacía sentir tan vivos y respirar bien fuerte. Te añoro mi bebé. Nunca habrá otro Pongo, porque cada personita que fue importante lo fue por algo y es irrepetible. Eres el más especial de todos los amigos que nunca tendré y con tal fuerza te añoro, esta noche sobremanera, en la que me hubiera gustado tanto compartir este sofá contigo. Cuánta Diosidad... yo me preguntaba qué iba a hacer el día doce de abril. Dónde estaría el día de tu cumpleaños, y fíjate, graduarme por fin. Con toda la gente que habrá, y ya ves... no voy a decir aquí lo que pienso porque prometí no hacerlo. 
Siempre se van los que más quieres... pero este no será otro maldito abril. Mañana un trocito de tí, estará conmigo, por todas las horas que pasamos juntos mientras yo estudiaba y tú estabas a mis pies, rodeado de cables... cómo te gustaban los cables... cómo me puedes hacer reír llorando... gracias bebé, descansa, mami está contigo. Te quiero.
QDTB.
Tu mami.

Y ahora qué?

Y qué será de las noches cuando lleguen las tormentas? 
Ya no estás para abrazarte hasta que me huyas, para cederte el hueco que trazan mis piernas al doblar, para acurrucarte en mi regazo como si fuera el lugar más seguro del Mundo. Como si ahí nada malo fuera a pasar.

Y ahora qué? Al final es verdad que todos los que quieres se van y te dejan sola. Y a veces piensas que no le importas a nadie y que si no fuera por tu interés por el Mundo, el Mundo no sabría tan si quiera de tu existencia.

Será verdad que todos los días alguien piensa en nosotros con cariño? Porque yo se que sí lo hago, pero también lo recibimos?

No puedo ni quiero olvidarte. Raro es el día que no entro en casa y lo primero que digo es 'hola bebé', o al irme repito una vez más 'tranquilo cariño, que mamá viene en seguida, cuida de la casina' . Raro es el día que no cae una lágrima por tí. Porque sólo tú compartiste cada día de ilusión o desencanto de dieciséis largos años que hemos compartido. Porque hemos visto ir y venir gente y nos hemos hecho promesas de no perder personas que al final se quedaron por el camino. Tú y yo lo compartimos siempre. Como si un día nos jurásemos un 'no te voy a dejar nunca', pero sólo con mirarnos. Tu corazón y el mío eran uno, y yo todo lo hacía pensando en tí. Ahora que te has ido y mi rutina ha cambiado, me siento egoísta al no tener que compartir mis horarios ni mis obligaciones contigo, y sólo desearía, estar perpetuamente atada a esas obligaciones y a esos horarios. A tener que volver. A volver para verte y cogerte, y subirte al sofá, y bromear contigo, y coger tu suave patita y taparte la carina y comerte a besos. Tú siempre estabas dispuesto a que te comiera besos.

Y ahora qué? Nadie cumple las expectativas de esa disponibilidad. Nadie está dispuesto a parar su mundo para venir a darte un abrazo cuando te hace falta. Nadie valora tanto un achuchón como tú. Nadie conoce las noches de frío mejor que tú.

Ahora que te has ido, que llevamos un mes y seis días sin compartir tu presencia, ni el ruidito de tus uñas en el parqué al caminar, ni nuestros paseos por la alameda, ni nuestra infinidad de fotos de besos y mimines. Ahora qué?

Cada vez pasan los días y intento no pensarlo, ponerme metas sencillas, viajar lo que antes no podía, planear huídas. Ahora qué? Ahora cambiaría todo eso, toda la libertad que me da el no tener obligaciones por el amor que me ofrecías. Porque siempre hay que valorar el amor por encima de todas las cosas. Antes de que sea tarde. Hacerlo todo, intentarlo todo, y vivirlo todo.

La gente te observa desde fuera y te imagina todo lo feliz que refleja tu cara, pero todo el Mundo está luchando en alguna batalla. Mírame con los ojos del alma. Detrás de todo eso, cada día, hay un recuerdo, hay muchas mantas para intentar suplir un corazón cálido y mucha soledad. Todo lo que dejó este año.

Nada me gustaría más que comenzar este año lejos de aquí, con promesas nuevas, con ilusiones nuevas. Sin mantas. Con un abrazo. Quién quiere uvas pudiendo empezar el año con un abrazo?
Vuelve la tormenta y el frío.

Una noche más tocan las mantas...

Mi bebé, donde estés que Diosito te Bendiga. Te quiero todo lo que se puede querer.
Tu mami.

Consuelo


Rebaja la luz, sentémonos en el sofá, que tus pies toquen los míos y tu sonrisa de medio lado provoque los surcos al final de tu mirada.

Que tu alma roce la mía, que seas cómplice de mis locuras y parafrasee yo las tuyas. Que ahora mi sonrisa provoque brillo en mi mirada. 

Que tu mano caiga suavemente sobre mis calcetines de colores y apriete con cariño la punta de mis dedos mientras me haces algún 'ainn' para hacerme sonreír. Siempre lo consigues.

Mira como en la charla que podría durar siempre más, porque tu voz tiene esa facultad de envolver en pasión cada una de sus historias, se pasan las horas. A veces tanto es así, que se disimulan los bostezos de la hora, por no perder la posibilidad de escuchar más. ¿Porqué la historia no suena igual de tus labios que de los del resto?

A veces se evoca el alma de Pon. Se recuerda, se llora, se intentan cambiar las lágrimas por cosas que a veces ni siquiera crees, pero sabes que yo necesito oír. Y ese esfuerzo tuyo por abrazar mi alma se recoge como una manta térmica en los días de invierno. 

A veces, sólo un gesto o un suspiro bastan para comprender que hay que pasar de las palabras a la acción y  me envuelve un abrazo. Qué le voy a hacer, soy persona humana de abrazos. Me encanta abrazar y ser abrazada. Siempre digo que para esto no tengo criterio, que me gustan todos, pero he de reconocer que unos reconfortan más que otros. Creo que el grado está en la cercanía de las almas. Y yo siempre aprieto más fuerte... y cierro los ojos deseando que ese momento no termine nunca.

Inviertes tu tiempo en mí. Supongo que es una pretensión pensar que lo haces porque te importe lo suficiente como para hacerlo. Eso me hace sentir especial, que se siente mejor que la palabra alagar. De igual modo tu gesto honra tu alma, pero tus abrazos me demuestran que no es sólo para contentarla a ella, sino que en un breve instante del tiempo de toda tu existencia, ese momento lo dedicas a mí de corazón, y ahora pienso, ¿cómo no iba a sentirme especial?

A veces incluso la luna es testigo perpetuo de un largo abrazo hasta que la releva el sol. Paz. Ocho horas de inmensa paz. De mente en blanco. No existe lugar a preocupaciones porque ahí todo es posible. Ahí hay fuerza. Hay un latir bien fuerte que me devuelve paz, no lo puedo describir mejor.

Cuando llega el sol, el despertar oliéndote es un regalo. Es una fragancia que se obtiene de una mezcla de cariño, confianza y seguridad que no tiene igual. Tu abrazo al despertar y la sonrisa que imagino al otro lado de mi vista aún sin afinar es la promesa de un día en que hará calor aunque no haga sol.

Hablamos de consuelo, y pienso cómo explicarte sin tener ese don de la palabra, qué significa para mí el consuelo, y ahora describiéndolo me doy cuenta, que consuelo, eres tú.

QDTB,
Isi.

A mi Pon

Esta es la entrada más triste de todas las que he escrito, y creo que no comentaré sobre ello después.

Lo que más quiero en el Mundo se me va. Mi compañero, mi amigo, mi bebé, mi Pon.

No puedo hacer nada más. Cada día al llegar las nueve llega tu sufrimiento y yo no puedo hacer nada. No puedo hacer nada lo juro, no puedo hacer más. Te vas cayendo, te tumbo, te tapo, te acaricio, te susurro 'mami está aquí, no va a pasarte nada malo', pero no es verdad. No todo está ni mano. Hasta tal punto de tener que tomar una decisión por no verte sufrir así cada día.

Cada día contigo es un regalo. Cada paseo contigo, cada surco entre las hojas, cada abrazar farolas, cada despertar y verte a mi vera.

Ya no habrás más paseos, ni más no hacer ruido para no despertarte, ni más recorrer el pasillo descalza para despertarte dandote un besito mientras duermes en la cama. O cogerte en brazos y bajarte así a la calle, medio dormido para evitar tus crisis.

Ahora tendré que arreglar los zócalos, los muebles, el suelo, todo lo que está deteriorado por el servicio que te han hecho estos muebles y estas paredes. Porque todo está para tí. Porque desde aquel día que rompiste aquel jarrón que era tan importante, descubrí que no hay dinero suficiente ni valía en el mundo que iguale tu valor, y desde entonces, todo comenzó a servirte a tí.

Te escribo y estás a mi vera, acurrucado en tu esquinita del sofá, aguantando mis lágrimas. Ahora soy yo quien se ahoga. ¿Sabrás realmente porqué lloro? ¿Habrán servido estos 16 años para que nos conozcamos tan bien?

Ya no habrá más 12 de abril que celebrar. ¿Qué haré el próximo 12 de abril?

Todavía no te has ido y ya te echo de menos. Eres el vacío más grande que nunca llenará nadie como tú. Lo prometo. No habrá otro Pongo, nunca habrá otro Pongo. Nunca podré darte suficientes GRACIAS.

Todo lo que hemos pasado desde que llegaste a mi vida cuando eras un moquito y te saqué a pasear con aquel cordel de zapatos enroscadito en el cuello, hasta hoy que con tu ceguera sólo comes si te lo doy de mi mano. Bajamos a la Alameda y guío tus pasos, como cuando tú lo hacías porque era yo la que no sabía donde ir. Las horas que pasamos en los jardines de Jado, donde todo el mundo te quiere y te recuerda, donde tuviste a tu primera novia, Canela, y ahora la volverás a encontrar.

A veces te pasas toda una vida buscando personas, razones, abrazos... y no te das cuenta que siempre han estado ahí. Que a veces la persona más importante del mundo es esa que no se separa de tí y te guarda fidelidad. Tu compañera, a quien le debes el mismo respeto, cariño y complicidad. Me has enseñado a valorar cada uno de los pequeños detalles que nos regala el día a día. Me has enseñado el valor de la amistad y del cariño, el de la fidelidad, el de la mirada dulce, el de la confianza a ciegas. Te debo todo lo que me has enseñado.

No me cabe duda que te encontraré en el Cielo. Allí estarás comiendo galletas de la mano de lalo, que tanto te quería. Allí me esperarás hasta el día en que me toque subir a achucharte. No te olvides de mi, vale?

Esta es la noche más dura de mi vida. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, no se puede querer más.
Tu mami.
Que nuestro Diosito te Bendiga Siempre.

Caminoteamos...

Hoy, como cada día, al llegar a casa, atravesar el pasillo, llegar a la cama y despertar a Pongo con un besito, nos hemos ido a pasear. La Alameda en la tarde-noche es tan preciosa... más los días como hoy en que te das cuenta con un brillo especial en los ojos, que es uno de los mejores momentos del día. 

Nos gusta caminotear arriba y abajo, a su son, una y otra vez. Subir, bajar, abrazar farolas y bordear bancos. Mantener conversaciones con cariño sobre nuestros bebés con los contertulianos del paseo. Cruzar sonrisas cuando Pongo para para parlotear con algún amiguete :)

Lo mejor sin duda es él. Su fuerza incansable por caminarlo y olerlo todo, su afán por seguir descubriendo cosas nuevas, cuando ha caminado lo mismo un millón de veces. Cuánto aprendo de él. Nunca hay que perder la fuerza... Desde el momento en que me persigue sonriendo y se roza con mis piernas hasta casi hacerme tropezar, como si fuera un gato, cada día, para que bajemos. Es sin duda un ejercicio de amor de los dos.

Nos gusta el otoño. Nos gusta porque es agradable sentir que fuera del chambergo hace frío pero dentro estás como envuelto en una mantita una fría mañana de invierno mientras fuera llueve. Nos gusta el otoño porque encienden antes las farolas y parece que caminamos por una larga pasarela iluminada por cientos de estrellas. Nos gusta mucho mucho porque nos encanta caminar sobre las hojas y escuchar el sonido crujiente al pisarlas. Nos gustan los días menos fríos pero con hojas, para además sentirlas cuando caminoteamos en pantunflas. Nos encanta abrirnos paso entre ellas arrastrando los pies. Es sin duda, uno de los placeres de la vida.

Las personitas amables te saludan y te conocen. Las personas son animales de costumbres, siempre caminotean a la misma hora. 

Dicen que los pequeños peludos se parecen a los dueños. Jeje, Pongo es un hippie, sin duda. De ahí saldré yo, porque cuando él llegó a mi vida, ni si quiera conocía tal término. Como veis, él me ha enseñado el valor de muchas cosas. Me hace gracia al pasear y ver a los amitos que portan o acompañan a sus peques. Sin duda es peculiar imaginar la semejanza entrambos. Abuelitos con perros pequeños, rechonchetes, sin pelo y viejitos...y gente joven arrastrada por algún gigante, algún hiperactivo o algún fashion victim. 

Es bonito fijarse en los detalles. Los detalles son lo que hacen especial las circunstancias. Sino siempre sería la misma rutina y las rutinas son cuanto menos aburridas. Hay que hacer especial cada paseo, cada momento... los bares que cierran tarde y que tienen gente que al salir han cambiado la luz por la luna, (como si fuese una canción de la Fuga), los bancos largos de piedra que nos gusta bordear a cada uno por un lado, la vidriera encendida de la Parroquia, las tienditas de barrio que cada día cierran a una hora, los coches que dan cien vueltas para aparcar, el viejito que siempre está sentado en el mismo banco hasta tan tarde, los trozos de cristal que perpetúan un trozo delimitado de jardín donde antaño había una cabina de teléfonos y que Pongo siempre esquiva... qué listo es Colita...

Hay días en que nos retrasamos, nos envolvemos en los cascos y canturreamos por el camino como si nadie nos estuviera escuchando, como si a nadie le importase y nadie fuera a juzgar ese momento. Ese momento sinestésico que nos atrae el recuerdo de nuestros paseos por el Parque en que cada noche dábamos un concierto. 

Los detalles son algo que si no hubiera paseo no habría valorado en este tramo. Conocemos cada tertuliano y podemos analizar hasta su día en su gesto. Su bondad o desdicha. Cada detalle, cada vez que alguien pasó bajo la cuerda que a veces nos separa y a veces nos une, y cada vez que dije: lo siento!! con cara de circunstancia. Son las cosas que te regalan los paseos. 

Las sorpresas. Las sorpresas también forman parte del paseo. Cada uno de los días que caminoteamos esperamos una sorpresa con la misma fuerza que si fuera el último día. Alguna vez las hubo. Un abrazo, una persona que no esperabas, una incluso que fue para sorprenderte. Esto es la ilusión que conlleva el paseo.

...y el regreso, la vuelta a casina y la confianza de soltarlo y que siempre retome el hogar. Su carita de agradecimiento y la rutina de ir siempre a beber agua, que hace que me preocupe los días que incumple tal ritual. Entonces mi peque busca un rinconcito cerca de mi vera donde descansar, y yo le agradezco a Dios cada nuevo paseo lleno de detalles. 

QDOB,
Isi.



Mi bebé...


Te veo malito, caminar despacio, sin ganas. Me miras con esos ojuelos y te devuelvo mi mirada de impotencia. Mi alma de luchadora no te deja, pero el tiempo no pasa a nuestro favor, y además yo también tengo días malos. Tú siempre estás conmigo, fiel, pegadito a mí, casi aunque no puedas. Todos los días, los días que estás mejor y los que no tanto. Nunca sabré si sabes todo lo que te quiero. Todo lo que te llevo queriendo los últimos 18 años que llevas inundando mi corazón con tu compañía y tu calor (aunque me hagas dormir en el bordecito de la cama y tu acabes en el medio todo pancho). 

A veces todo lo más importante del día no es el trabajo, ni algún café con corazón al otro lado, ni si quiera que todo me vaya bien a mí. A veces, lo más importante es que te tomes todas las pastillas sin protestar, sin dar mil vueltas, o que comas, que comas algo, un poquito, cuando me paso una hora haciéndote comida y yo acabo sin hambre y me como lo primero que pillo sin ganas, por comer algo, o casi por si quieres comer de lo mío.

Perdona los días que decaigo, perdona los ratos de desasosiego y de impotencia, de llegar a decirte que no puedo hacer más, porque tú siempre haces más de lo que puedes, porque tú siempre vienes cuando yo regreso, porque tú siempre compartes mi presencia y mis ausencias. Tú siempre.

Aquí a mi vera, como ahora mismo. Sin más. Placidamente. Pancitarriba. Sin comprender porque cada vez que saltas de la cama provocas mi desvelo por preocupación, como si fueses un bebé. Como ahora mismo, que te levantas y yo dejo esto para atender a mi pequeño gran corazón peludo... y a esperar como siempre, que como decía lalo 'resistir es vencer'.