
Rebaja la luz, sentémonos en el sofá, que tus pies toquen los míos y tu sonrisa de medio lado provoque los surcos al final de tu mirada.
Que tu alma roce la mía, que seas cómplice de mis locuras y parafrasee yo las tuyas. Que ahora mi sonrisa provoque brillo en mi mirada.
Que tu mano caiga suavemente sobre mis calcetines de colores y apriete con cariño la punta de mis dedos mientras me haces algún 'ainn' para hacerme sonreír. Siempre lo consigues.
Mira como en la charla que podría durar siempre más, porque tu voz tiene esa facultad de envolver en pasión cada una de sus historias, se pasan las horas. A veces tanto es así, que se disimulan los bostezos de la hora, por no perder la posibilidad de escuchar más. ¿Porqué la historia no suena igual de tus labios que de los del resto?
A veces se evoca el alma de Pon. Se recuerda, se llora, se intentan cambiar las lágrimas por cosas que a veces ni siquiera crees, pero sabes que yo necesito oír. Y ese esfuerzo tuyo por abrazar mi alma se recoge como una manta térmica en los días de invierno.
A veces, sólo un gesto o un suspiro bastan para comprender que hay que pasar de las palabras a la acción y me envuelve un abrazo. Qué le voy a hacer, soy persona humana de abrazos. Me encanta abrazar y ser abrazada. Siempre digo que para esto no tengo criterio, que me gustan todos, pero he de reconocer que unos reconfortan más que otros. Creo que el grado está en la cercanía de las almas. Y yo siempre aprieto más fuerte... y cierro los ojos deseando que ese momento no termine nunca.
Inviertes tu tiempo en mí. Supongo que es una pretensión pensar que lo haces porque te importe lo suficiente como para hacerlo. Eso me hace sentir especial, que se siente mejor que la palabra alagar. De igual modo tu gesto honra tu alma, pero tus abrazos me demuestran que no es sólo para contentarla a ella, sino que en un breve instante del tiempo de toda tu existencia, ese momento lo dedicas a mí de corazón, y ahora pienso, ¿cómo no iba a sentirme especial?
A veces incluso la luna es testigo perpetuo de un largo abrazo hasta que la releva el sol. Paz. Ocho horas de inmensa paz. De mente en blanco. No existe lugar a preocupaciones porque ahí todo es posible. Ahí hay fuerza. Hay un latir bien fuerte que me devuelve paz, no lo puedo describir mejor.
Cuando llega el sol, el despertar oliéndote es un regalo. Es una fragancia que se obtiene de una mezcla de cariño, confianza y seguridad que no tiene igual. Tu abrazo al despertar y la sonrisa que imagino al otro lado de mi vista aún sin afinar es la promesa de un día en que hará calor aunque no haga sol.
Hablamos de consuelo, y pienso cómo explicarte sin tener ese don de la palabra, qué significa para mí el consuelo, y ahora describiéndolo me doy cuenta, que consuelo, eres tú.
QDTB,
Isi.
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