Una de citas...




Hoy me gustaría parar el tiempo y reflexionar juntos. Imaginar que apagamos la luz de nuestro rincón favorito, de ese que está en el epicentro de nuestra zona de confort, ese que es suave y huele bien lindo, ese que nos evoca paz y tranquilidad... y envueltos en tal circunstancia elevemos el tono en modo susurro para embebernos de varias citas que tanto como educadores/as sociales, como pedagogo/as nos pueden abrigar el corazón.

Me gusta recordar una frase que ha marcado mi perfil tanto profesional como personal y que dice así: 'Ama y haz lo que quieras', de San Agustín, porque cuando se ama, todo lo que sale de ti sólo puede ser bueno. Adaptemos ese amor a nuestra ética, a nuestro desempeño profesional en el día a día, de tal forma que todo lo que surja, que todo lo que acompañe el proceso de intervención sólo pueda ser bueno y esperanzador.
Phil Bosmans decía: 'Creo en el hombre, porque su presencia llena muchas soledades, porque sueña en cambiar la humanidad, porque aunque viva tan deprisa dentro de su corazón hay un abismo de ternura, porque cada nuevo día se da la oportunidad de ser hombre.' No puedo añadirle ni una coma. Esa es la razón de nuestro desempeño, de nuestro camino, de todo: creer en las personas. Creer en ellas tantas veces como aquellas referidas 70 veces 7.

Mi autor favorito, el gran Antoine de Saint-Exupéry. El que con tanta maestría nos trasladó en el lenguaje que todos comprendimos una vez, el de los niños, una de las más grandes y sabias verdades: 'el tiempo que inviertes en tu rosa, hace que tu rosa sea especial'. El tiempo que dedicamos a las personas, a cada una de ellas, un tiempo sin precisar para cada una, el tiempo necesario, su tiempo, nuestro tiempo, es el que las convierte en especiales y únicas. Cada persona necesita un tiempo con nosotros que le hace crecer (y a nosotros también). Somos ese jardinero que riega la flor cada día esperando verla florecer para quedarnos embobados contemplando su belleza reluciendo con la luz del sol. Ellos son el objetivo primero y último de nuestro trabajo: las personas. 

Y voy a terminar con una cita de mi cosecha que os comparto y que os invito a reflexionar:

'No hay que acumular saberes innecesarios (cargar la mochila de libros), hay que ser persona de recursos (cargarla de corazones)' Isi Taborga

Un abrazo gordo, nos vemos en el mes de las flores, recordaros de regar la vuestra cada día,

Mª Isabel Taborga

Educador Social sólo, no se puede vivir


Hoy vamos a reflexionar en torno a la necesidad del educador social de vivir en comunidad.

Muchas veces se me viene a la cabeza el recuerdo de una frase que me transmitieron en mi niñez en la catequesis y dice así: 'cristiano sólo, no se puede vivir'. Extrapolando la característica del grupo de referencia al nuestro, la frase aún hoy guardaría todo su sentido: 'educador social sólo, no se puede vivir'.

El educador o educadora social necesita de la red comunitaria tanto para el desarrollo de su trabajo, como para trabajar en el propio desarrollo comunitario.

Marchioni define la comunidad como el 'conjunto de personas que habitan en el mismo territorio, con ciertos lazos e intereses comunes'; y el desarrollo como un 'producto de las personas que tiene lugar de la toma de conciencia de la situación en la que viven, de la necesidad de modificarla y de la toma de conciencia de sus derechos'. Pues bien, como educadores sociales, como agentes de cambio de nuestra propia realidad, debemos transmitir esa conciencia crítica a nuestra comunidad para evolucionar en conjunto, tal como recoge el 'principio de la participación comunitaria' de nuestro código deontológico.

Si nos referimos en cambio a la red comunitaria para el desarrollo de nuestro trabajo, pensemos si sólo nos rodean o si pertenecemos de forma activa. Ésto debería de formar parte de nuestra ética profesional. En todas las comunidades existen, por ejemplo, Colegios o Asociaciones Profesionales donde compartir experiencias, espacios en torno a las realidades de nuestros municipios, crecer profesionalmente... los Colegios son los encargados de definir, difundir y defender la figura profesional del Educador Social, ¿estamos contribuyendo en ésto? Éste debería de ser el primer paso para el desarrollo de nuestra profesión.

Tenemos pues por un lado el trabajo del educador social en el desarrollo comunitario, y por otro la red comunitaria para el desarrollo de la profesión. Partiendo de éstos dos puntos, podemos concluir en la definición de Marchioni sobre el desarrollo comunitario, 'donde puede darse la máxima integración de las prestaciones sociales y la mejor coordinación de recursos, y en donde es posible una participación organizada (además de la espontánea) de la población.'

Mª Isabel Taborga Sedano

Enlace al artículo en la revista de la Facultad de Educación de la UNED

Profesionales utópicos



Nuestra profesión nos define seres utópicos. 

Somos profesionales del soñar despiertos, de los impulsos del corazón, de las palabras dulces, de los abrazos llenos, de las sonrisas miles, de los caminos juntos, de ideas brillantes, de globos de helio y nariz de payaso, de proyectos firmados con el alma.

Trabajamos en muy diversos ámbitos pero todos tienen un denominador común, las personas más vulnerables, muchas veces personitas. 

Tratamos de cambiar la realidad, de enderezar el camino, de trazar puentes, de tender manos, de compartir el saber, de educar en hacer y tutelar en el Ser.

Tenemos la responsabilidad ética y moral de optimizar constantemente nuestro trabajo porque no hay evaluación más exigente que la vida de las personas.

Galeano decía que la utopía nos sirve para caminar, ese es nuestro combustible y nuestra razón, el afán por querer cambiar las cosas, por ver siempre posibilidades de mejora hasta en los rincones más oscuros. Eso es lo que diferencia nuestra profesión de muchas otras, la vocación de entrega incansable, la fe en las personas, la escucha sin juzgar, la firme creencia en que todos merecemos oportunidades.

…nuestras pequeñas utopías que brotan de reuniones serias y plasmamos en cuadernos con bocetos de boas que se han comido un elefante…

‘Ella está en el horizonte…
Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
Entonces, ¿para qué sirve la utopía?
Para eso: sirve para caminar.’
Eduardo Galeano

La importancia del 'ser' social



Estamos comenzando un nuevo curso y algunos estaréis planteándoos qué estudiar. Si habéis llegado hasta esta facultad ya demuestra que contáis con una sensibilidad especial encaminada a lo social. Tanto Pedagogía como Educación Social son dos grados que se estudian más allá que para alcanzar meros conocimientos o con la única finalidad de hacer currículum. Ambas carreras conllevan un fin a terceros. 

Si estás aquí has de pensar qué te ha llevado a llegar hasta aquí. Cuál es tu motivación o tu sensibilidad y si realmente eres consciente de que lo que comienzas ahora será una elección de vida. Una elección de vida por los demás. 

Los educadores sociales y los pedagogos viven sus trabajos a tiempo completo. Nunca se tiene una idea lo suficientemente perfeccionada porque la realidad con la que trabajan es cambiante segundo a segundo. Han de ir cargados de recursos. Recursos para con el desempeño de su profesión, para el trabajo con terceras personas en ámbitos muy distintos, para sobreponerse a los obstáculos y las barreras que habrán de superar para ayudar a otras personas. Sólo quiero poneros en aviso. Nadie dijo que el camino fuera fácil, pero yo si os digo que tiene una recompensa de valor incalculable.

No habrá nada que iguale este proyecto de vida, el dedicar la vuestra en cuerpo y alma a quien más lo necesita, por quien es más vulnerable.

Cuestionan si nuestras profesiones son realmente útiles, o si merece la pena incluir nuestras figuras profesionales en ámbitos aún por explotar. Es el esfuerzo de todos, de no quedarnos sólo en los libros el de dar a conocer la importancia de nuestro trabajo. Somos sembradores de esperanza en un momento en que realmente hace mucha falta. Somos transformadores de la realidad, somos instrumentos que tocan almas, somos pescadores que enseñan a pescar, somos la mano que sujeta bien fuerte y no se rendirá hasta haber agotado todas las posibilidades. Somos el profesional que es necesario en las alegrías, en la prevención y en los momentos más difíciles de crisis. 

¿Que si somos útiles? Tenemos tres telediarios y un montón de prensa al día cargados de razones de por qué es necesario continuar nutriendo a la sociedad de pedagogos y de educadores sociales. A veces más palabras sobran. Tenemos paro, tenemos familias desestructuradas, tenemos carencia de productos básicos, hambre, niños sin escolarizar, racismo y xenofobia, refugiados, comunidades de otras etnias sin integrar, guetos, corrupción, desahucios, niños sin alimentar de forma adecuada, y abuelos con sobrecarga, vecinos pobres, tenemos miedo, incertidumbre... pero tenemos fuerza y tenemos coraje, y tenemos ganas, y mucha esperanza, tenemos el 'ser' social, nos tenemos, nos tienen. Somos de hecho un bien por explotar, somos de hecho un diamante en bruto.

No hay duda, aquí y ahora es tiempo de educación social, aquí y ahora es tiempo de pedagogía.
Es tiempo de transformar. Es nuestro tiempo.


Isi

Enlace al artículo en la revista de la Facultad de Educación de la UNED.


de sentirse sólo aunque estés rodeado de gente...


Afuera llueve. Hace frío. Los cristales se van empañando a medida de que mi respiración se vuelve a entrecortar y mis manos tiemblan pensando en la incertidumbre que me genera esta situación. Sólo quiero que llegue ya el día y que vaya lo suficientemente arropada como para escuchar algo no tan bueno o algo menos malo. Las horas son eternas. Y mientras duele. El resto del mundo no lo nota pero duele. Sigo haciendo cosas pero duele. Sonrío pero duele. Trabajo pero duele. Estoy pero duele. Intento dormir pero duele. Sólo la paz que me genera la compañía de quien lo sabe y me entiende me reconforta hasta el grado de hacer que el dolor constante se esfume hasta que vuelve a quedarse sólo, conmigo, sola.
Y vuelve a doler, y vuelvo a pensar y vuelvo a leer. Maldigo internet y la información a golpe de tecla. Me preocupo aún más si cabe y mi nudo en la garganta cada vez deja pasar menos aire. Una sensación continua de falta de aire, de desasosiego, de frío...