Hoy, como cada día, al llegar a casa, atravesar el pasillo, llegar a la cama y despertar a Pongo con un besito, nos hemos ido a pasear. La Alameda en la tarde-noche es tan preciosa... más los días como hoy en que te das cuenta con un brillo especial en los ojos, que es uno de los mejores momentos del día.
Nos gusta caminotear arriba y abajo, a su son, una y otra vez. Subir, bajar, abrazar farolas y bordear bancos. Mantener conversaciones con cariño sobre nuestros bebés con los contertulianos del paseo. Cruzar sonrisas cuando Pongo para para parlotear con algún amiguete :)
Lo mejor sin duda es él. Su fuerza incansable por caminarlo y olerlo todo, su afán por seguir descubriendo cosas nuevas, cuando ha caminado lo mismo un millón de veces. Cuánto aprendo de él. Nunca hay que perder la fuerza... Desde el momento en que me persigue sonriendo y se roza con mis piernas hasta casi hacerme tropezar, como si fuera un gato, cada día, para que bajemos. Es sin duda un ejercicio de amor de los dos.
Nos gusta el otoño. Nos gusta porque es agradable sentir que fuera del chambergo hace frío pero dentro estás como envuelto en una mantita una fría mañana de invierno mientras fuera llueve. Nos gusta el otoño porque encienden antes las farolas y parece que caminamos por una larga pasarela iluminada por cientos de estrellas. Nos gusta mucho mucho porque nos encanta caminar sobre las hojas y escuchar el sonido crujiente al pisarlas. Nos gustan los días menos fríos pero con hojas, para además sentirlas cuando caminoteamos en pantunflas. Nos encanta abrirnos paso entre ellas arrastrando los pies. Es sin duda, uno de los placeres de la vida.
Las personitas amables te saludan y te conocen. Las personas son animales de costumbres, siempre caminotean a la misma hora.
Dicen que los pequeños peludos se parecen a los dueños. Jeje, Pongo es un hippie, sin duda. De ahí saldré yo, porque cuando él llegó a mi vida, ni si quiera conocía tal término. Como veis, él me ha enseñado el valor de muchas cosas. Me hace gracia al pasear y ver a los amitos que portan o acompañan a sus peques. Sin duda es peculiar imaginar la semejanza entrambos. Abuelitos con perros pequeños, rechonchetes, sin pelo y viejitos...y gente joven arrastrada por algún gigante, algún hiperactivo o algún fashion victim.
Es bonito fijarse en los detalles. Los detalles son lo que hacen especial las circunstancias. Sino siempre sería la misma rutina y las rutinas son cuanto menos aburridas. Hay que hacer especial cada paseo, cada momento... los bares que cierran tarde y que tienen gente que al salir han cambiado la luz por la luna, (como si fuese una canción de la Fuga), los bancos largos de piedra que nos gusta bordear a cada uno por un lado, la vidriera encendida de la Parroquia, las tienditas de barrio que cada día cierran a una hora, los coches que dan cien vueltas para aparcar, el viejito que siempre está sentado en el mismo banco hasta tan tarde, los trozos de cristal que perpetúan un trozo delimitado de jardín donde antaño había una cabina de teléfonos y que Pongo siempre esquiva... qué listo es Colita...
Hay días en que nos retrasamos, nos envolvemos en los cascos y canturreamos por el camino como si nadie nos estuviera escuchando, como si a nadie le importase y nadie fuera a juzgar ese momento. Ese momento sinestésico que nos atrae el recuerdo de nuestros paseos por el Parque en que cada noche dábamos un concierto.
Los detalles son algo que si no hubiera paseo no habría valorado en este tramo. Conocemos cada tertuliano y podemos analizar hasta su día en su gesto. Su bondad o desdicha. Cada detalle, cada vez que alguien pasó bajo la cuerda que a veces nos separa y a veces nos une, y cada vez que dije: lo siento!! con cara de circunstancia. Son las cosas que te regalan los paseos.
Las sorpresas. Las sorpresas también forman parte del paseo. Cada uno de los días que caminoteamos esperamos una sorpresa con la misma fuerza que si fuera el último día. Alguna vez las hubo. Un abrazo, una persona que no esperabas, una incluso que fue para sorprenderte. Esto es la ilusión que conlleva el paseo.
...y el regreso, la vuelta a casina y la confianza de soltarlo y que siempre retome el hogar. Su carita de agradecimiento y la rutina de ir siempre a beber agua, que hace que me preocupe los días que incumple tal ritual. Entonces mi peque busca un rinconcito cerca de mi vera donde descansar, y yo le agradezco a Dios cada nuevo paseo lleno de detalles.
QDOB,
Isi.

1 comentario:
a mi me encanta caminar, ir pensando todas las cosas que me pasan..
por eso extraño mucho las calles de Roma.. iba caminando por campo dei fiori hasta llegar al hotel.. acá en Buenos Aires por toda la rutina voy un poco mas apurada para todos lados.. hay que parar un poco.
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