Cada vez que esbozo un plano sobre un papel, me trae tu recuerdo.
Mi gran lalo... la persona que me tatuó en el alma que 'siempre hay que estar entretenido en algo', que 'no hay mejor tiempo que el tiempo invertido'.
Mi ingeniero. Mi ingeniero profesional y de carrera, de las de antes (sin cafetería...) que lo mismo diseñabas un mirador, que un embarcadero, que cacharreábamos una tele o una radio, o me enseñabas el mecanismo de una cisterna... ingeniero del ejército y de la Pegaso, de la diligencia, el respeto y el cariño.
Cuántas horas pasamos escuchando nuestra 'radio rainbow' en tu citröen, cuántas veces me recuerdo a tí con mi ford fiesta y cantando en inglés a voz en grito...
Cuántas veces repasamos juntos mis dibujos de ampliación de sistemas, contemplábamos mis lienzos o me pedías que te hiciera un óleo... cuántos sueños compartimos, cuántas horas de locos hobbies que sólo entendíamos tú y yo, como si fuéramos Da Vinci y su aprendiz de sabio locón. Cuánta sabiduría me has transmitido que ahora, con el paso de los años más valoro. Si me vieras ahora... con tantos lienzos, con mis cuadros colgados en tu pasillo, y lo mismo pintando un cuadro que luciendo una pared o arreglando la lavadora... qué orgulloso estarías de tu tiempo invertido, de la impronta que creció sentada en tus rodillas mientras me cantabas una y otra vez tu 'muñequita linda' o me quedaba dormida a tu vera mientras me contabas en la siesta la historia del 'negro moretón'... y todavía hay veces que me pregunto de dónde viene mi locura, mi afán por descubrir cosas y por aprender a todas horas. Tú me enseñaste a ver el mundo con los ojos bien abiertos.
Recuerdo tu mano temblorosa cuando le hacías señas a Pongo para que fuera bajo tus rodillas y compartías las galletas del desayuno con él... Tus ratos pensantes con los ojos cerrados en la mecedora... en tu galería y la mía siempre habrá una mecedora... tus charlas sobre nuestra tierruca, sobre lo que cambió, sobre nuestras raíces en Peñacastillo, Nueva Montaña, tu isla, la Isla de Jorganes... Canalejas, los tranvías... tu historia...
Nuestras risas, los montones de horas que pasamos riendo, la mejor herencia, la que nunca nadie tendrá, la tengo yo. Nuestros ratos juntos disfrutando y riendo. Las horas que pasaste escuchándome tocar la guitarra que me regalaste... cantando o leyendo mis pergaminos... las visitas que me hacías inesperadas a la parroquia y lo orgullosa que me sentía cuando te veía desde el altar y me escuchabas leer. El regreso a casa juntos... las horas de paseos y autobuses...
Tu recuerdo siempre me trae diapositivas de momentos buenos, de aprender y de sonreir, y así, como te recuerdo, queda plasmado en la mejor herencia posible que nunca tendrán quienes pelean por tu mérito, la foto de uno de tantos de nuestros momentos sonriendo juntos.
Que Dios te bendiga mi lalín, mis orejinas... te quiero mucho,
tu Isa.



