
Obra: A Rosa, 2003. Christina Oiticica. (Acrílico sobre tela.)
Es sábado.
Ayer por la tarde la pasé cuidando de mi lala. Cuando me iba (después de pasar toda una tarde comiendo bombones de esos que siempre tienen las abuelas para dar a sus nietos y nunca puedes rechazar), me dio unas revistas que ella ya había leído y releído, y con todo su cariño me dijo: toma para que veas los santos que sale la Letizia.
Las llevé a casa y las dejé donde habitualmente más se disfruta de la lectura, en el baño. Pensé que serían del bautizo de la primera hija de los príncipes, pero me di cuenta de que sólo tenían unos días de retraso, y la verdad que aunque me daba igual porque me gusta leer casi cualquier cosa que llega a mis manos, las eché un vistazo.
Para mi sorpresa se había colado un suplemento XL Semanal de esos que dan los findes con el diario y lo atrapé rápidamente para ver si (aunque sabía que ya no lo hacía habitualmente) estaba la columna de Paulo Coelho.
¿Ustedes creen en las Diosidades? Hacía mucho que mi lala no me daba revistas irrechazables tras tardes de bombones.
Página 77, "La rosa dorada", por Paulo Coelho.
Ahí estaba uno de esos textos de Paulo que no pueden pasar desapercibidos. Una de esas ideas universales que escribe y que tan populares se hacen por ser eso, Universales. Porque todos sentimos como él, pero sólo uno lo plasma consiguiendo ser Best Seller mundial: Paulo Coelho. El título de hoy es "La rosa dorada" y habla sobre un cuadro que pintó Christina, su tercera y actual mujer, y sobre la reflexión que el mismo le conlleva.
Os dejo un fragmento de su Leyenda Personal, y de la nuestra:
...Conozco a la artista: Christina Oiticica. En este momento se encuentra físicamente a 8.000 kilómetros de distancia, a la vez, su presencia está en todo lo que me rodea. Eso me alegra: a pesar de que llevamos 29 años casados, el amor es más intenso que nunca. Jamás pensé que pudiera ocurrir algo así: venía de tres relaciones que no habían ido bien y estaba convencido de que el amor eterno no existe, hasta que apareció ella –una tarde de Navidad–, como un regalo enviado por un ángel...
...Me había convencido a mí mismo de que ningún compromiso algo más serio me privaría de mi `libertad´ ni me impediría vivir todo lo que deseaba. Veintinueve años después sigo siendo libre –porque descubrí que el amor jamás esclaviza al ser humano. Soy libre para girar la cabeza y verla durmiendo a mi lado–, ésa es la foto que tengo en mi teléfono móvil. Soy libre para salir con ella, para pasear con ella, y continuar charlando, conversando –y eventualmente discutiendo, como siempre–. Soy libre para amar como nunca amé antes, y esto ha llegado a ser algo esencial en mi vida...
(Texto completo: http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=1427&id_firma=8172 )
Y así, con esta reflexión tan universal comenzamos el año. A ver si nos sirve para pensar un poquito a cada uno. Porque tal vez, encontrar este texto fue una Diosidad y por eso lo comparto con ustedes.
Gracias lala.
Que Dios os bendiga, Isi.
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