Para tener entre mis brazos la dulzura, la sencillez y el sosiego que me ofrece tu alma.
Acariciar tu pelo, oler tus hombros y guardar esa esencia para siempre en la cajita de mi corazón.
Tenerte en mis brazos, como quien va a acunar un niño.
Perderme en esa tú mirada morena que guardo celosa hasta de la muerte.
Morderé entonces un trozo de labio y lloraré pensando que tú, alma de mi alma, mi alma enamorada, estas pensando en mí, y transmitirte mi deseo de que mi más hermoso sueño duerma dentro de ti.
Que tu hálito rocíe mi rostro, porque no habrá nada que separe mi vida de tu vida.
Tantos días de incertidumbre susurrando si por un remoto instante mi recuerdo invade tu inconsciente.
¿Cuántas veces preguntaron porqué tú? Nunca nadie sabrá lo que no se pueda explicar con palabras, nadie profundizará tanto mi alma como para hallar respuesta coherente.
Toda la noche miraré tu rostro, porque en la poesía que me ofrece tu gesto está la llave de mi esperanza.
Tú eres mi ángel, no lo dudo. Ése ángel que inconscientemente vela por mí todas las noches desde el mismo instante en que apago la luz de la mesita.
Podré incluso acariciar tu cielo en tus mejillas.
...Y tu vida en mis brazos será el recuerdo que me muestre que ha merecido la pena vivir.
Dicen que el amor comporta placer aún no siendo correspondido, y yo lo creo; el simple hecho de pensar que al menos nunca nadie podrá arrebatarme el sueño de estar contigo es grato.
“Los sueños son sin duda la única cosa que jamás podrán arrebatarnos.”
Esa noche, ese día o esa tarde moriré a vivir por un sueño, por el más lindo de ellos, porque él, sólo Dios sabe cuándo y cómo, estará en mis brazos.
Le suplicaré que no despierte temprano, que no madrugue, eso robaría tiempo a mis sueños para estar con él.
Yo lo amaré hasta el final del tiempo...
...Y si muero quedarán mis restos, más quedarán enamorados.
...Y si muero quedarán mis restos, más quedarán enamorados.
Isi.
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